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SIENTO, SOY, ESTOY CON DISCIPLINA POSITIVA

Tomo conciencia de mi misma en el mismo momento en el que mi hija sale de mi ser.

Ya nada va a volver a ser igual. Esa persona a la que he dado vida junto a mi pareja necesita se guiada y ahí voy a estar yo para hacerlo de la mejor manera posible (junto a su padre).

Me guío por mi instinto y todo va fluyendo a las mil maravillas. Aunque no voy a negar que todo no es rosa, ni azul, ni verde. Son muchos los colores que van surgiendo en este caminar.

Son muchas las opiniones y consejos no solicitados los que vuelan a mí alrededor

Pero es mi instinto el que me guía y el que lleva a descubrirme como un ser que necesita liberarse del condicionamiento social, cultural, familiar, moral, ….. Liberarse se la pesada mochila que llevo encima.

Decido descargarla de mis hombros e ir vaciándola poco a poco y llenarla de a poquito a poquito con lo que creo, siento y vivo por mí misma.

Para cuidar y guiar a mi hija también debo cuidarme yo y saber hacia dónde quiero ir.

En este nuevo camino que emprendí hace ya cuatro años he descubierto muchas cosas. Unas me han “chirriado” y las he dejado por el camino. Otras me han resonado en lo más hondo de mi ser y me las he quedado conmigo para ir creciendo juntas.

Una de las cosas bellas que he descubierto ha sido la DISCIPLINA POSITIVA.

Una filosofía de vida que me ha mostrado cómo educar a mi hija con libertad y respeto. Alfred Adler, Rudolf Dreikurs, Jane Nelsen y Lynn Lott me mostraron que otra forma de hacerlo es posible.

Educarla desde la AMABILIDAD pero con FIRMEZA.

Una AMABILIDAD que le demuestra respeto hacia sus necesidades y las de los otros.

Una FIRMEZA que le demuestra respeto hacia mí misma y hacia la situación.

Estos dos conceptos son esenciales para la DISCIPLINA POSITIVA.

Importante no confundir amabilidad con permisividad y firmeza con autoritarismo.

Este hallazgo resonó tanto en mi interior que realicé mi primer taller asistiendo como madre. ¡Gracias a Marisa, Mariola, Guillermo y Melina por mostrármelo en directo!. Ahí terminó de cuajar en mí.

En el año 2014 me certifiqué como Educadora de padres y en el Aula en Disciplina Positiva de mano de mis mentoras Gigi Nunez  y Gina Graham.

Y ahora estoy creciendo y aprendiendo en este camino que es la vida y con la ayuda de mi hija. Con cada una de sus actitudes desafiantes me pongo a prueba y aplico las herramientas que la Disciplina Positiva me ofrece.

Con mi hija CREO una atmósfera democrática donde se la respeta en todas sus dimensiones, donde se la tiene en cuenta, donde se la valida sus sentimientos y emociones. Le muestro la importancia de la cooperación y la responsabilidad acorde con el momento evolutivo en el que se encuentra.

Hemos echado ¡fuera de casa! a los PREMIOS y a los CASTIGOS.

Métodos válidos para obtener resultados esperados por los padres a corto plazo. Pero yo quiero ir más allá y quiero resultados positivos a largo plazo. Quiero educar a mi hija en valores democráticos.

Los niños deben actuar por el hecho y por el resultado intrínseco de esa acción y no por controles externos.

Los CASTIGOS generan sentimientos de:

A través del castigo se hace sentir mal al niño el cual se centra en el error cometido y en el castigo que se le ha impuesto que ha llegado de fuera.

¿Qué pasaría si al niño se le deja reconocer el error y se le involucra en la decisión? La respuesta es sencilla y es la siguiente. Al niño se le está teniendo en cuenta. Se le está ofreciendo habilidades para la vida. Y les estamos mostrando los errores como una valiosa oportunidad para aprender y no como algo por lo que haya que avergonzarse.

Hay una frase de Jane Nelsen que compartieron en el primer taller de Disciplina Positiva al que asistí y que me dejó marcada. Siempre la llevo conmigo y dice así:

Una frase llena de sentido ¿verdad?

Pues viene genial dejarla guardadita en nuestra mente y tenerla siempre presente para recordarnos que las cosas se pueden hacer siempre de otra manera.

Los PREMIOS y las ALABANZAS enseñan a los niños:

Todos los seres humanos nos movemos buscando SIGNIFICANCIA y PERTENENCIA. E intentamos alcanzarlas según nos han mostrado.

Muchas veces lo hacemos de forma equivocada y nuestros hijos también. Cada uno de nosotros interpretamos la realidad de forma diferente.

A esto es a lo que Disciplina Positiva denomina “Metas equivocadas”.  Consiste en que el niño actúa de una forma equivocada para lograr ese sentido de pertenencia e importancia en su entorno.

El mal comportamiento viene de la creencia equivocada de cómo logar CONEXIÓN y SIGNIFICADO.

Si los adultos que nos relacionamos con niños somos capaces de comprender cuál es el propósito del niño seremos capaces de guiarlos hacia una conducta más cooperativa. Este tipo de conducta la conseguiremos si como adultos disponemos de los ingredientes o herramientas necesarias.

Estas herramientas nos las muestra la DISCIPLINA POSITIVA.

 

 

 

 

 

Comentarios

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